¿Impacta la espiritualidad en la salud mental?

Comparto con vosotros un artículo que me han publicado en el diario diario digital de Alhaurín de la Torre, en la sección columnistas, disponible desde el 2 de marzo de 2012 y reproducido en http://blogcienciacristiana.com/

Mente sana en cuerpo sano. ¿Cuántas veces hemos escuchado esta frase sin detenernos a ahondar profundamente en cómo influye lo que pensamos en nuestra salud? Henry Ford decía que “Tanto si crees que puedes como si crees que no puedes, tienes razón. Si eliges vivir un mundo lleno de amor, tu salud mejorará”.

Uno de los mayores estudios realizados en Europa sobre enfermedades mentales arrojó un aumento de estas patologías en un 38% de la población. Aproximadamente, unos 164 millones de personas sufre algún trastorno mental. La investigación del Colegio Europeo de Neuropsicofarmacología (ECNP, por su sigla en inglés) revela que los trastornos mentales se han convertido en “el mayor desafío de salud” que enfrenta la región. El estudio llevado a cabo en los países de la Unión Europea, Suiza, Islandia y Noruega, involucró en total a 514 millones de personas de todos los grupos de edad. (Fuente:http://www.ecnp.eu/publications/reports/sizeandburden.aspx). Los resultados dados a conocer por la BBC mostraron que la ansiedad y la depresión son algunos de los problemas más comunes. 

¿Cómo podemos contribuir a que estos estados emocionales no perjudiquen nuestra salud mental y física? 

En mi experiencia personal algo que me ha dado buenos resultados para calmar la ansiedad es por un lado, la oración, y por otro, el practicar cualidades que puedan darle significado a mi vida. La oración que silencia el pensamiento me ha llevado a recobrar mi paz interior y la serenidad espiritual. Además, me ha permitido el conocimiento de mí misma y reconocer que cultivando la caridad, la compasión, la alegría y el amor al prójimo trae regeneración, desapego y un creciente sentimiento de liberación a mi vida.

En los últimos tiempos parece estar surgiendo un especial interés en vincular la salud mental con la espiritualidad. Por ejemplo, en su trabajo de investigación final del Curso de Salud Mental y Psiquiatría Comunitaria publicado en la Revista Gaceta Universitaria de Chile, el Dr. Nicolás Rodríguez del Real indica que las enseñanzas religiosas, creencias o conductas como orar ó rezar podrían permitir al individuo responder o sobrellevar ciertas situaciones emocionales.(Fuente:http://revistagpu.cl/2011/GPU_junio_2011_PDF/SM_Impacto_de_la_espiritualidad.pdf)

Todo esto me lleva a pensar que si los problemas humanos tienen mucho que ver con nuestro interior, con nuestros pensamientos, entonces la fe y la esperanza juegan un papel preponderante en la recuperación de la serenidad, el buen humor y la alegría –los cuales a su vez son los mejores incentivos para ahuyentar los estados de ansiedad y depresión, según coinciden en señalar los expertos. 

Durante su ministerio Jesús habló de un Dios que nos protege y sana, y también nos puede traer felicidad a nosotros ahora. Este entendimiento de la existencia de un poder superior (la fuente espiritual de nuestro ser) que está presente para consolarnos y sostenernos ante cualquier desafío es para mí la esencia misma de la naturaleza de Dios. Al expresar y experimentar cada vez más ese amor incondicional vencemos toda aflicción y podemos encontrar la salud y la alegría dentro de nosotros.

*María Damiani es representante de la Ciencia Cristiana en España. Puedes obtener más información en: www.blogcienciacristiana.com

 

 

 

 

 

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La importancia de la espiritualidad en la salud

Comparto ésta publicación de mi amiga y colega Elizabeth Santángelo de Gastaldi, portavoz de la Ciencia Cristiana en Argentina, publicada en el suplemento Salud del Diario El Sol de Quilmes, el 15/12/2011.

OPINIÓN SALUD

                 La importancia de la espiritualidad en la salud 

En esta nota de opinión que nos envía la lectora Elizabeth Santángelo de Gastaldi, se reafirma la mejor calidad de vida alcanzada a partirde la generación de un cambio mental positivo en nuestras vidas

Hay casos que médi­camente son consi­derados incurables y difíciles de tratar. También hay quienes piensan que la espiritualidad poco o nada tiene que ver con la salud, sobre todo si no se es cre­yente. No obstante, un or­ganismo tan relevante como es la Organización Mundial de la Salud (OMS), y que nada tiene que ver con los movimientos o creencias de tipo espiritual, señala la importancia de la espiritua­lidad con relación a la salud en el documento titulado: “Estrategia global para la salud de todos en el año2000”.

Para mí la espiritualidad puede tener resultados prácticos en nuestra salud cuando se fundamenta en la confianza y seguridad que brinda el reconocer el poder de Dios como el bien único.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

En mi propia experiencia he podido comprobar que el dedicar tiempo al desarrollo de mi consciencia ha sido fundamental para ir abrién­dome a la posibilidad de liberarme de gran número de temores, lo cual a su vez siempre me da paz y serenidad al corazón. Este cambio en mi consciencia me prepara para volverme a Dios en oración y consi­derar el ejemplo de Su hijo Cristo Jesús. Este cambio desde el interior, produce cambios notables en todos los aspectos de mi vida, modificando mi carácter y generando así un impacto en mi salud.

Reconocer el poder
de Dios como bien
único nos puede
brindar confianza y
seguridad

Permítanme ilustrar con un ejemplo cómo oré hace unos años cuando repenti­namente comencé a notar manchas en la piel y una irritación y comezón muy severas. Noté que hacía días que tenía una situación en la oficina con un compa­ñero. Discutíamos mucho y esto me enojaba al punto de querer tener siempre la razón. Pensé entonces qué habría hecho Jesús en una situación similar y decidí ver a mi colega en su verdadera esencia.

Pensé que si tanto él como yo teníamos un mismo ori­gen espiritual, este debía ser totalmente bueno. Me esforcé entonces por iden­tificar las debilidades de ca­rácter que estaba percibien­do y pensar en su opuesto. Para mi sorpresa, empecé a descubrir frente a mí a una persona humilde, dócil, sincera y comprensiva.

Realmente me olvidé del problema físico durante los días que empecé a entablar un diálogo amable con mi compañero. La piel comen­zó a tener una apariencia normal y al mismo tiempo el enojo y orgullo habían des­aparecido completamente.

Mi caso no es único. Un estudio que aparece en el número más reciente de la publicación “Psicología de la religión y espiritualidad” de la Asociación Estado­unidense de Psicología (APA, por su sigla en inglés) señala que en Estados Unidos, entre 2001 y 2007, en general ha aumentado el número de personas que utiliza la oración para en­frentar los problemas de salud (un 43 por ciento entre los adultos). Asimis­mo, el estudio indica que la oración ocupa el tercer lugar como la medicina alternativa utilizada con más frecuencia, por lo que la organización llama la atención de los proveedores de tratamientos de salud mental y física para que estén al tanto de la preva­lencia de este recurso.

En Estados Unidos aumentó
considerablemente el número de
personas que utiliza la oración para
hacer frente a los problemas de salud

Todos tenemos la posi­bilidad de practicar una oración que se origine en el corazón así como de estar atentos a identificarnos con estados de consciencia que nos ayuden a encontrar paz interior, perdón, alegría, amor. Quizás descubra como yo, que siempre tuvo a su alcance una buena alternativa para mejorar su salud y calidad de vida.

Elizabeth Santángelo de Gastaldi

Portavoz de la Ciencia Cristiana para Argentina

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Navidad, “una fiesta del Alma”

Por muchos años la llegada de la Navidad simboliza reunirnos con nuestra familia y amigos.

Es una fiesta universal independiente de nuestras creencias religiosas e ideologías.

¿Pero cuál es el verdadero significado de ella? ¿En qué pensamos cuando se aproxima su llegada?

Creo que lo más importante no es su aspecto exterior, sino su significado interior. Tal vez lo primero que viene a nuestro pensamiento es el deseo de compartir, de dar, de obsequiar a nuestros afectos, de transmitir alegrías y de afirmar que todos formamos una gran familia, que somos parte de un todo.

Para mí  el verdadero espíritu de la Navidad encierra la eterna venida del Cristo a nuestro pensamiento, a nuestra conciencia humana, es esa paz que nos llega en todo momento, porque el Cristo siempre está con nosotros.

Y porque no albergar en nuestro corazón cualidades divinas como la solidaridad, generosidad y ese anhelo de ayudar a nuestros semejantes a través de la oración, cultivando ese deseo de ser cada día mejores personas.

Navidad, una fiesta del Alma, un alejamiento de las cargas del mundo.

¡Os deseo a todos una Feliz Navidad, una verdadera “fiesta del Alma” en vuestros corazones!

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¿Está relacionada la espiritualidad con la salud?

Comparto con vosotros un artículo que me han publicado en la sección opinión de la web de noticias Vecinos. Diario Digital de Marbella, disponible desde el 25/11/2011 y reproducido en http://blogcienciacristiana.com/

Ya Shakespeare decía: “No hay nada bueno ni malo sino que el pensamiento lo hace así”. Y, en los últimos años, el ámbito de la investigación científica parece denotar un creciente interés en abordar qué relación existe entre el pensamiento, el bienestar y la salud física.

En una entrevista reciente, el psicólogo clínico barcelonés Rafael Santandreu sostiene que podemos mejorar nuestra vida cambiando los hábitos mentales. Santandreu apuesta en “El arte de no amargarse la vida” por aprender a perder el temor a las cosas, controlando el diálogo interno y adoptando una visión del mundo que nos permita disfrutar de la vida y nos proporcione armonía interior.

Hace unos años atrás yo tuve una experiencia que me demostró que existe una conexión entre el pensamiento y la salud.

En aquellos momentos me encontraba sumida en una gran depresión. La palabra depresión proviene del término latino depressus, que significa abatido o derribado. Y, en efecto, era desde esta perspectiva que enfocaba mi mirada hacia la vida. En poco tiempo esa visión errónea se empezó a manifestar en mi cuerpo al perder estabilidad y peso, así como en mis rasgos de carácter, en toda mi persona.

Hasta que un día comencé a reconocer la posibilidad de relacionarme espiritualmente con un ser superior o divino y, como resultado, empecé a sentirme más segura. Pude percibir que todo estaba dentro de mí, que se trataba de un cambio interno, en mi conciencia. Esta comprensión me permitió encontrar el verdadero sentido de ser feliz, cuya base fundamental reside en lo espiritual. Fue así como comencé a estar dispuesta a amar al mundo de una manera totalmente nueva.

Algo muy importante a considerar en este cambio mental fue la oración.

No se trató de una oración de petición o ruego sino de un reconocimiento de la posibilidad de establecer una relación con un Dios de amor que nos brinda sólo el bien; que de maneras tangibles nos ayuda a dominar los pensamientos erróneos e impulsos, ejerciendo un efecto transformador en nuestras vidas.

Herbert Benson, quien dirige el Instituto del cuerpo y de la mente de la Facultad de Medicina de la Universidad de Harvard, ha venido estudiando desde hace treinta años el poder de la oración y su efecto sobre el cuerpo. Benson ha reportado cómo la oración y la meditación promueven la curación, y ha documentado mediante estudios de resonancia magnética nuclear del cerebro cómo se producen cambios físicos en el cuerpo cuando alguien medita u ora (http://www.massgeneral.org/bhi/basics/).

Compruébalo tú mismo. El bienestar mental propiciado por la oración y el desarrollo espiritual tienen un efecto profundo en los aspectos más fundamentales de nuestra vida.

*María Damiani es representante de la Ciencia Cristiana en España. Puedes obtener más información en: www.blogcienciacristiana.com

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Una madre que nunca se dio por vencida

Con mucha alegría comparto ésta publicación de mi amiga y colega Elizabeth Santángelo de Gastaldi, portavoz de la Ciencia Cristiana en Argentina, publicada en el Diario El Sol de Quilmes, el 15/10/2011, y reproducido en el blog http://blogcienciacristiana.com/ , en homenaje a todas las madres argentinas en su día.

Una madre que nunca se dio por vencida

Con esta reciente publicación, deseamos enviar un saludo muy especial a todas las madres que celebran su día mañana domingo 16 de octubre en Argentina. ¡Feliz Día de la Madre!

A continuación reproducimos del artículo de la portavoz de la Ciencia Cristiana en Argentina, Elizabeth Santángelo de Gastaldi, con la contribución de su asistente en Quilmes, Elena López. “Una madre que nunca se dio por vencida” fue publicado el viernes 14 de octubre de 2011 en la página 3 de la versión impresa del suplemento etc del diario “El Sol” de Quilmes, Argentina (www.elsolquilmes.com.ar), al que agradecemos los derechos de distribución.

suplemento etc portada

En cercanía de una fecha tan especial el próximo domingo, la historia de vida de Mary Baker Eddy, la fundadora de la Ciencia Cristiana. Vale la pena conocerla.

En este día tan especial para las familias argentinas, me permito reflexionar sobre el papel que la madre tiene no sólo en la familia, sino también en la sociedad.

Esa figura amorosa y paciente que con afecto educa, modela la experiencia de cada uno de los integrantes de su familia y ejerce en la mayoría de los casos una influencia benéfica en la formación de nuestros niños y jóvenes. Últimamente, un número creciente de madres han tenido que asumir además el rol de trabajadoras en el mercado laboral, debido a la recesión, el desempleo y la carencia. Esto presenta nuevos desafíos para toda la familia.

Me parece interesante compartir la historia de una mujer que vivió en el siglo XIX, que enfrentando los mismos desafíos en una época en que la mujer casi no tenía derechos, logró alcanzar el control de su vida y triunfó sobre dificultades tales como la viudez, un divorcio, la pérdida del hogar, el rechazo de su familia y una mala salud crónica.

Esta mujer fue Mary Baker Eddy, la reformadora religiosa estadounidense y fundadora de la denominación cristiana conocida como Ciencia Cristiana.

Eddy queda viuda, empobrecida y embarazada a los 22 años, teniendo que volver al hogar paterno. Debido a los problemas de salud que padecía, su hijo debió ser cuidado por una criada de la familia.

Cifrando sus esperanzas en poder ocuparse ella misma del niño, contrajo nuevas nupcias con un dentista; desconociendo que su familia y esposo planeaban alejarla definitivamente del niño.

Después de este doloroso alejamiento, ella vuelca su inspiración en un poema que escribió y que revela su angustia latente: “¡La pena muda de una madre / Demasiado aguda de expresar, demasiado honda para llorar!” (Smith, Louise “Mary Baker Eddy, descubridora y fundadora de la Ciencia Cristiana”, 1991, p.45).

Su salud continuó empeorando, y debido a ciertas actitudes y acciones de su esposo se ve obligada a divorciarse.

Luego de alrededor de veinte años de lucha, y gracias a su gran confianza en el poder de Dios, ante un agravamiento de su condición física, logra restablecerse por medio de la oración, comenzando desde allí una vida consagrada a ayudar a los demás en base al sistema de curación espiritual que descubre y demuestra en su propia vida.

Ya totalmente restablecida y en pleno vigor, alcanza el gran anhelo de ver nuevamente a su hijo, después de 23 años de ausencia, quien ya tenía 34 años.

Pero tampoco fue posible cristalizar el anhelo de verlo junto a ella para siempre, ya que su hijo decide alejarse de su madre completamente.

En la actualidad existen casos de madres que tienen que enfrentar situaciones legales a causa de sus divorcios, o bien ante secuestros de sus hijos y que quizás puedan identificarse en cierta forma con esta valiente mujer.

Y con el mismo coraje y valentía que demostró esta mujer y madre, otras pueden también mantener el genuino deseo de fortalecer sus corazones a través de su confianza en el poder de Dios, y gracias a una fe inquebrantable que siempre “mueve montañas”.

A todas ellas: ¡Continúen avanzando, sin claudicar!

Elizabeth Santángelo de Gastaldi Portavoz de la Ciencia Cristiana para Argentina Con aportes de: Elena López, de Quilmes, Prov. de Buenos Aires
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¿Una actitud negativa hacia el pasado deteriora nuestra salud?

Pensar en el pasado de una manera negativa marchita nuestro presente, nuestro aquí y ahora. Para una mejor salud mental y física debemos dejar atrás las vivencias negativas y dirigir nuestra visión hacia adelante, hacia el progreso.

En un estudio publicado hace unos meses atrás en la revista Universitas Psychologica, Cristián Oyanadel (Investigador de la Universidad de Granada y coautor del estudio), junto con sus colegas, concluyó que cuando las personas tienen una actitud negativa hacia los eventos pasados de su vida, perciben más dolor y tienen más predisposición a enfermar.

Dicho estudio consistió en analizar respuestas con un test llamado Inventario de orientación temporal de Zimbardo, que fue ensamblado en Estados Unidos y validado en varios países. Este instrumento recolecta cinco ítems que describen la forma de enfrentar el pasado, el presente y el futuro. Posteriormente se aplicó a los participantes un cuestionario para medir su salud física y mental. (Universidad de Granada)

Un cambio de pensamiento y actitud ante las experiencias pasadas y presentes mejora nuestra calidad de vida. Es el mantenernos expectantes de que recibiremos todo lo bueno, de que sólo nos espera lo mejor en nuestra vida, lo que promueve nuestro bienestar.

Por mi propia experiencia pienso que si en nuestra consciencia guardamos recuerdos dolorosos lo mejor es enfocarlos como lecciones aprendidas de las cuales hemos adquirido mayor madurez y solidez espiritual.

¡Siempre subimos un peldaño más de la escalera!

El aprendizaje nunca nos deja donde nos encontró y el ahora es el único tiempo en que uno vive.¡Estamos en el presente!

Podemos mejorar el futuro mejorando nuestro propio pensamiento y reconociendo que siempre estamos reflejando el bien ilimitado.

¡Vivamos plenamente el presente, sabiendo que estamos aquí para amar, compartir y brindar a nuestros semejantes la oportunidad de bendecirlos!

 

 

 

 

 

 

 

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Compasión, una actitud que enriquece nuestra vida.

Estaba meditando sobre el significado de la compasión y captó mi atención un artículo donde el psiquiatra francés Christophe André expresa sobre la misma:

“No es con sufrimiento sino con alegría y dulzura con lo que podremos guarecer en los demás y en nosotros mismos los dolores causados por la falta de amor; la compasión es ante todo una actitud ante la vida que hay que aprender a cultivar y transmitir.” (Mente Sana, Revista de Jorge Bucay)

Me puse a reflexionar en ¿cuántas veces al día reflejo esta cualidad divina y esencial?

La compasión es una cualidad que se relaciona con una actitud altruista que no espera nada a cambio, con el deseo de hacer el bien a otro y también en términos cristianos está ampliamente ligada a la misericordia, o sea a sensibilizarnos y a dar ánimo a los más necesitados.

Lo que nos impide reflejar la compasión es nuestro falso egotismo y el primer paso que debemos tomar es arrancar de nuestra conciencia toda raíz de egoísmo, todo pensamiento erróneo.

Muchas veces sentimos que perdemos la capacidad de ejercitar cualidades divinas cuando nos sumergimos cada vez más en los deseos mundanos, en el afán de controlar todo.

Debemos mirar más allá de las apariencias que se ven en la superficie. Esta es la vista espiritual a la que debemos aspirar y nos liberará de todas nuestras trabas mentales.

La compasión es una emoción profunda e intensa que va más allá de la bondad o de un sentimiento pasajero de pesar.

Expresando cada vez más un amor gozoso y desinteresado por el prójimo nos ayudamos a nosotros mismos y ésta actitud compasiva será la causa de nuestra propia liberación y felicidad.

El escritor y filósofo estadounidense, Henry David Thoreau escribió: “Sólo hay un remedio para el amor: amar más”.

¡Comencemos a reflejar más amor y compasión!

¡El cambio empieza por nosotros!!!

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¿El estrés afecta nuestra salud?

Según James Tighe, investigador del Instituto de Psiquiatría de Londres “el estrés es un conocido factor desencadenante de depresión y también puede afectar nuestra salud física.

Mucha gente a menudo se siente demasiado estresada tras un evento o circunstancia que requiere un cambio.

¿Pero que nos puede provocar estrés?

Tal vez muchas veces nos sentimos abrumados por el trabajo, los horarios o por otras circunstancias de nuestra vida cotidiana. Sentimos el peso de múltiples responsabilidades  y exigencias que nos agobian.

El secreto para combatir este estado es comenzando a cuidar de nosotros mismos y de nuestra manera de pensar.

Cuando comenzamos a sentir que las cosas se están volviendo abrumadoras es necesario que nos tomemos un espacio para reflexionar, para meditar u orar, para pensar cuales son esos factores desencadenantes y ponernos en armonía con todo nuestro ser interior.

Tal vez podemos tomarnos un día libre, dejar de hacer las cosas que nos están presionando o dedicarnos a hacer alguna actividad que nos haga sentir bien, como estar en contacto con la naturaleza, con los animales, aislarnos de nuestro ambiente habitual.

Un paso a considerar es saber qué es lo más importante para cada uno de nosotros, cuáles son las cosas que nos hacen feliz, cuales son nuestras prioridades y que metas queremos alcanzar.

Hay varias estrategias para identificar éstos objetivos según la periodista y médica británica, Trisha Macnair :

Determine su misión. Dedique un tiempo para pensar o escribir sobre los objetivos de su vida. Esto podrá ayudarle a descubrir lo que es esencial en su vida, lo que quiere ser y lo que quiere lograr.

Analice dónde gasta su tiempo.  Piense cuál es la mejor forma de priorizar y comparta mentalizar las múltiples presiones en su vida. Clasifíquelas en: “importante”, “muy importante” o “no importante”, y no deje de lado los momentos de descanso.

Revise sus responsabilidades. Un modelo claro de sus roles y responsabilidades le ayudarán a crear orden y equilibrio en su vida.Identifique sus objetivos y trabaje en uno de éstos cada semana. No tienen que ser actividades, pueden ser cosas simples como ser más paciente con sus hijos.

Evalúese. Organice sus semanas y al final de cada semana evalúe cuáles han sido sus éxitos y qué ha sido menos exitoso.

“Y finalmente –dice Trisha Macnair- goce sus éxitos”.

Es nuestra manera de pensar y nuestra actitud positiva hacia la vida lo que provocará un cambio favorable. Sólo somos responsables de nuestros pensamientos y actitudes.

Algo que personalmente me ha dado mucho resultado para combatir o contrarrestar la sensación de agobio o estrés, ha sido focalizarla o encararla desde una perspectiva espiritual, a través de la oración.

Orar es pensar en el poder de Dios, es algo muy personal, es nuestra comunicación con él y nos brinda un sentido de paz y dominio sobre todas las cosas.

El cambio está dentro de nosotros y lo que está en nuestra conciencia se proyectará en nuestra vida.

¡Podemos decir adiós al estrés, anímate!!!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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El perdón es el mejor ingrediente para la curación

Muchas veces cuando hablamos de salud pensamos en nuestro cuerpo y no reconocemos la importancia de nuestra salud mental. Nuestra manera de pensar se refleja en nuestro cuerpo e influye en nuestra salud física.

Un elemento muy importante para sentirnos sanos es saber perdonar.

El perdón es la puerta de entrada a la curación. Pero ¿que difícil es muchas veces perdonar a alguien que nos ha hecho daño?

Cuando no perdonamos sentimos una carga, un peso interior que perturba nuestra mente porque recordamos la ofensa una y otra vez. Debemos examinar lo que permitimos que entre en nuestra conciencia y diariamente extraer lo que pretende quitarnos nuestro gozo y alegría. Esto resulta como cerrar la puerta de nuestra casa a un intruso, de la misma forma debemos impedir que nos invadan pensamientos de ira o rencor.

Estos sentimientos no nos proporcionan alivio sino que tienden a profundizar más las heridas. Muchos pensarán que es fácil decirlo ¿pero como lo hacemos?

El mejor ejercicio es no recordar la ofensa y reconocer que ese hecho no puede tener ninguna influencia sobre nosotros y cada vez que venga a nuestro pensamiento debemos ver a esa persona desde una perspectiva espiritual, como un reflejo del Amor y ésta forma correcta de verla sanará toda la situación. La decisión de perdonar debe partir de nuestro corazón.

Otro paso importante para aprender a perdonar es tener humildad. La falta de perdón se relaciona con nuestro orgullo y junto con el resentimiento constituyen un obstáculo para nuestra salud. El procurarnos bienestar integral es una tarea personal, depende de nosotros.

Perdonarte a ti mismo es un acto de humildad y te hará depositar la confianza en Dios para recibir la fortaleza. Dios es Amor, su naturaleza es perdonar.

El perdón nos libera de cargas negativas y nos brinda una sensación de paz y serenidad. Es una expresión de amor y es la base de toda sanidad en la mente y en nuestro cuerpo.

¡Dejemos atrás el peso de las mochilas, sanemos nuestra mente y corazón para gozar de una vida sana y feliz!

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La espiritualidad, una alternativa para mejorar la salud.

La espiritualidad es algo que da significado y propósito a nuestra vida, es parte de nuestra individualidad y debe ser construida con cada uno de nosotros.

La espiritualidad proporciona mayor bienestar, salud, paz, da estabilidad emocional a situaciones de la vida y actúa como apoyo en la armonización de los conflictos.

La Ciencia Cristiana nos acerca a la espiritualidad por medio de las enseñanzas de Jesús, al desarrollo de cualidades espirituales que nos conducen a espiritualizar nuestro pensamiento. Este cambio radical de pensamiento se manifiesta en lo exterior y resulta favorable en nuestra vida, deseamos ser mejores personas, cambiar nuestro carácter y actitudes, mejorar nuestra salud y bienestar en general. Muchas veces creemos que debemos buscar fuera las soluciones a nuestra problemática humana, tales como la felicidad, el amor, la provisión, etc., cuando en realidad todo está dentro de nuestra conciencia, en nuestro interior.

En la Biblia, Jesús nos dice: “Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia y todas esas cosas os serán añadidas”. Ese es el reino de lo espiritual, lo que es intangible a los sentidos materiales.

La espiritualidad es la necesidad consciente de Dios, nos abre la puerta de lo divino a través de la oración y la Ciencia Cristiana presenta un sistema de curación espiritual para el cuidado de la salud que tiene su base en la oración y nos brinda un sentido de libertad mental y física a través de la aplicación de sus ideas.

En los últimos tiempos parece existir una búsqueda incesante de espiritualidad y las personas están buscando respuestas en otros métodos alternativos. Me resulta interesante ver como el ámbito de la medicina viene considerando el impacto de la espiritualidad en la salud.

Muchas investigaciones están comprobando que la meditación, la oración, el rezo, tienen un efecto terapéutico beneficioso para el paciente, tienden a reducir la ansiedad y a aumentar la atención y concentración del paciente.

La oración es la herramienta más poderosa y eficaz y es capaz de modificar el parámetro de la salud. Cuando se nos presenten desafíos podemos enfrentarlos a través de una perspectiva espiritual y de esa forma comenzaremos a reflejar mayor armonía, salud y bienestar en nuestra vida.

 

 

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